ADICTO
- dulcecalderon

- 22 ago 2020
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 27 ago 2020
En la soledad el solitario se devora a sí mismo. Por motivos de trabajo, las últimas semanas he pasado tiempo con mujeres que han tenido y aún tienen vidas dolorosas, me han llevado a pensar que el sufrimiento en el mundo está equilibrado, el problema aquí es que hay quienes tienen que sufrir más que otros para no perder la armonía.
Las historias se configuran mediante un mosaico de relatos, que parecen aislados pero que se van uniendo como una trenza, está la historia de la mujer de cuarenta y tantos años, madre soltera de cinco hijas, las dos mayores embarazadas. O la historia de la chica de veintitrés años que llegó a la ciudad sin nada, que salió huyendo de Coahuila por una situación de acoso extremo, que su padre, que era la única persona con la que contaba, fue golpeado hasta la muerte por unos jóvenes al intentar quitarle un anillo que parecía de oro.
Según la etimología latina, uno de los significados para la palabra <dicto> es decir o hablar, mientras que <a>, funge el papel de la negación en el concepto, por lo tanto al unir a-dicto, tenemos como resultado lo que no se dice, lo que no se habla, lo que no se nombra, estas historias que no se cuentan.
Y es que todo aquello que no decimos, todo aquello que nos convierte en adictos se nos queda dentro, y el cuerpo es tan inteligente que busca una u otra forma para sacarlo. Durante generaciones se enseñó que “todo cae por su propio peso” o que “el que se enoja pierde”, en gran cantidad de ocasiones la decisión tomada frente a un enojo fue la de “esperar a que se pase”, sin embargo, es importante decir lo que nos duele, describir lo que nos lastimó, y evitar aquellos tratamientos silenciosos que nos dejan nudos en la garganta.

Las personas tienen una necesidad enorme de contar sus historias, y que éstas sean escuchadas, no necesariamente comprendidas, ni mucho menos juzgadas. Hablar y escuchar nos hace sentir más humanos. El ejemplo de estas mujeres mencionadas son unos de tantos, mujeres que llegan, se sientan cuentan sus sentires, y de una u otra forma eso va deshaciendo el nudo. Es curioso cómo la narrativa de odio se va modificando mientras las personas van contando lo que sienten, es como si al empezar a narrar se sintieran molestas con el mundo y al hablarlo éste empezara a verse más amable.
He creado cierta mitología alrededor de mi vida y me apoyo en ella para hablar en lenguas conmigo misma, he conseguido también cierto gusto por contarsela a los demás, he aprendido que cualquier decisión a favor de algo es en contra de otra cosa, dentro de todos los posibles cada uno de ellos o bien activa tu memoria o activa tu esperanza, aunque casi siempre las esperanzas son de los desesperados.
Existimos hasta nuevo aviso.
Por favor escucha.

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