Cada quien sus ojeras
- dulcecalderon

- 5 feb 2022
- 2 Min. de lectura
¿Por qué no muere todo el mundo al mismo tiempo?
Quiero jugar a que no pasa nada y todo me da risa. Jugar a que me tengo clemencia por las letras disparejas.
Quiero dejar de pensar que a ratos una se siente triste como un zapato colgando de los cables de luz.
Quiero jugar a que mis virtudes no me dan vergüenza, que no soy solo mis errores y mis carencias. Que el frío no es tan fuerte como para congelar las lágrimas.
Quiero jugar a que el tiempo no se ha ido como arena, que salgo de casa y al volver esta alguien esperando listo para escuchar trivialidades del día.
Quiero jugar a que no pienso nada. Jugar a que escucho -qué hermosa estas, mi amor- y que eso sea suficiente para contrarrestar el horror del mundo.
¿Les pasa que sienten que alguien es su patria? Si la patria es el sabor de las cosas la mía sabe a pizza margarita y cerveza.
Quiero jugar a que aprendí a coser, a tocar el teclado y a traducir textos del latín. Jugar a que soy realmente divertida, valiosa y suficiente.
Quiero jugar a que me desnudo y soy divina. A que en el mar me hunden las olas, salgo del agua y me siento viva.
Jugar a que voy a una tienda y puedo comprar kilos de certidumbres. A que me doy una tregua.
Quiero jugar a que mi madre me regala un vestido rojo y que levantamos el árbol de navidad hasta mayo.
A que sé de poesía, cine y arte, que no sé nada, pero el juego se disfruta. Y jugar a que dejamos de mendigar amor.
Quiero jugar a que ando viva, sin arrepentimiento, sin culpa y sin angustia; como viven los gatos.
Me prometo no desdeñar nada de todo lo que me conmueva, me deslumbre, me quebrante, me alegre.
No se van quienes nos enseñan a imaginar la eternidad.


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