Domingo
- dulcecalderon

- 12 mar 2021
- 1 Min. de lectura
Actualizado: 25 ago 2021
Poco importa si es invierno o verano, los domingos por la tarde parecieran homologarse entre sí. Todos los miedos, todos los males, hasta los más antiguos, parecieran juntarse ese día. Por las tardes le pido a mis amigas que me llamen los domingos para no sentir el abandono.
Había enmudecido, como si la garganta se me hubiese secado para siempre. Pasaron cinco eternos minutos hasta que reaccioné, y me mire en el espejo con la cara transformada.

Tanta incertidumbre se concentra en el atardecer de ese día. Llenamos todo de humo, cenizas y vino, recordamos los días en los que lo ideológico nos resultaba sagrado, y cómo nos queríamos, y cómo nos reíamos.
Solo el miedo y la angustia quiebran el gris. Tanto tiempo para temer, tanto tiempo para vivir el silencio, y no es exactamente el silencio de la paz.
<Si algún día decides abandonarme, no lo hagas en domingo, no lo soportaría, te lo suplico> te decía.
Una historia sencilla; ojalá el sueño la mime, la cuide, la cure por un rato; que no pase frío para que no busque en ese otro cuerpo el calor; que no despierte para encontrar que ya no está.
Una se puede poner triste solo porque es domingo, y más cuando parece un domingo eterno de tiempo sin tiempo. Es el día en el que somos conscientes de que todo lo que hacemos significa nada.
Recuerda cuerpo cuanto te amaron.

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