Esther
- dulcecalderon

- 8 may 2020
- 3 Min. de lectura

Estamos hechos de todo lo que le copiamos a las personas que amamos.
La relación más fuerte que tenemos en la vida es con nuestra madre, la persona que nos trajo al mundo, no somos nada más que una extensión de ellas. Los primeros tres años de vida recibimos energía directa de ellas, que nos nutre, no solo en un plano alimenticio, pues llega a planos emocionales, a necesidades y carencias, incluso traumas que se pudieron tener décadas atrás.
Durante estos años la madre es quien forma la autoestima, los hábitos y formas de percibir la realidad de los niños, no solo con las palabras, se educa con las esencias, una madre feliz educará hijos e hijas felices, de aquí la tan famosa frase “la educación se mama”. Qué fortuna pensar que desde niña hasta el último momento mi madre siempre nos hizo sentir amadas.
Tenemos justo a las mamás que necesitamos para evolucionar, si no tuviera a la mamá que tuve, no entendería muchas cosas, como la empatía, la sororidad, la fuerza sobrehumana, el miedo a la pérdida. Nos enseñó a ser independientes, a decidir libremente, desde pequeñas, quizá las mamás saben cuando se irán de este plano terrenal antes de tiempo y hacen todo lo posible para que sus hijas se puedan defender con sus propias alas, nos hacen sentir que podemos con el mundo, creen en nosotras para que nos asuste un poco menos vivir sin tener nada claro.
No se extrañan los momentos extraordinarios, se extraña la cotidianidad, se extraña el desayuno juntas por las mañanas antes de irme a la universidad, se extrañan los chilaquiles comprados por la nula habilidad culinaria que poseía, se extraña que tenga una maleta siempre lista para ir a la playa, se extraña aún más cuando es octubre, se extraña todos los días, solo que unos más que otros, como aquella canción que dice <el tiempo cura todo... no es cierto>.
Es rarísimo pero se extrañan también los escenarios hipotéticos, que nunca ocurrieron pero que estoy segura que serían motivo de felicidad, como que mi hermana tendrá un bebé, o que conociera mi departamento, o que el local que siempre quiso tener en casa por fin es una realidad. Hay días que se siente una tristeza tan profunda que parece que no alcanza en mi casa, hay otros que son tan buenos que sé que estarías orgullosa.
Sin duda la mejor herencia que me dejó fue su terquedad, para bien o para mal, pero como funciona el equilibrio en el universo, algo de malo dentro de todo lo bueno y algo de bueno dentro de todo lo malo, porque si mi madre se diferenciaba del resto era por su terquedad, valentía y generosidad, la idea de nunca rendirse unida a la de quedarse hasta muy tarde viendo películas en el sillón.
¿Se han puesto a pensar lo que dirían las personas que ya no están aquí si vieran lo que estamos haciendo con nuestras vidas? Hay mucho de ella en mi, el día que sea mamá quisiera ser como mi madre, cuando alguien se va todo un lenguaje se termina, espero que nada de lo que pase en la tierra te quite la tranquilidad, que te encuentres tan ligera, tan feliz y tan amada en aquel plano como te encontrabas en este.
Muchas flores.

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