top of page

Mexicaltzingo

  • Foto del escritor: dulcecalderon
    dulcecalderon
  • 17 feb 2021
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 18 abr 2021

La vida de una ciudad comienza en sus barrios, la vida de una persona también, los barrios nos educan. Cada barrio tiene una serie de elementos que lo diferencian de otros, sus parroquias, sus actividades económicas, sus condiciones geográficas, sus mercados, su gente y más.


Para la primer mitad del siglo XIX Guadalajara se encontraba dividida en siete distritos; el distrito Las Armas, que comprendía las áreas residenciales y comerciales más importantes, se conocía como el corazón de la ciudad y vivían, evidentemente, las familias más ricas; el distrito El Sagrario, conocido y diferenciado por “clerical”, con palacios episcopales, monasterios, conventos y colegios seminarios; seguido de El Santuario, el distrito más poblado, pues a finales del siglo XVIII el obispo Alcalde con la intención de poblar la parte norte de la ciudad alentó la construcción del Santuario de Guadalupe, y lograron poblar 16 manzanas.


A esto le sigue el distrito de Jesús -donde vivo actualmente- su delimitación fue confusa, más el núcleo de este lugar siempre fue la Capilla de Jesús, un barrio habitado por jornaleros, albañiles y obreros que se trasladaban a los barrios comerciales o industriales; con familias pequeñas como era típico en los barrios pobres. Su población se convierte en un mosaico con la congregación de los frailes de San Felipe y el convento junto con la iglesia de Santa Mónica. He caminado cientos de veces por estos edificios aún existentes, deteriorados e intervenidos y parece que dicen a gritos no nos olviden.


El quinto distrito era nombrado El Carmen, con habitantes que tenían cierta familiaridad con la Universidad de Guadalajara, encontrándose gran cantidad de personas con puestos administrativos, profesionales y comerciantes. Uno se va creando una serie de rituales y tradiciones cuando se convive por temporadas largas con el otro, nacen chistes y rutinas que solo el dúo entiende, como cenar en el Chai que hoy se encuentra frente al ex convento del Carmen, lo que hace siglos era el huerto de las carmelitas. Se convirtió en el distrito más rico de la ciudad.

Mi abuelo nació en el sexto distrito, Mexicaltzingo, en náhuatl Pequeña casa de México, su año de nacimiento es un misterio, solo sé que cumple uno más cada primer día de agosto. Alguna vez Louise Glück escribió “miramos el mundo una sola vez, en la infancia, el resto es memoria” y eso le ocurre a él. Creció en una vecindad de este barrio, y es lo que recuerda, hay algo místico y aterrador en el acto de perder la memoria. Cuenta sus días de niño de 6 años, ordeñando vacas, repartiendo leche en botellas de vidrio, en una bicicleta, por lo que hoy conocemos como las nueve esquinas, con su hermano, tan flaco, tan flaco que le decían El Hueso. Para después olvidar el hilo de la historia y decir alguna frase en latín.


Era un distrito diverso, una parte rural y pobre, otra de agricultores y jornaleros, y una más que comprendía el centro industrial más grande de la ciudad, importante tener en cuenta que los dueños de estas industrias vivían en otros distritos, como Las Armas o El Carmen aunque sus negocios estuviesen en Mexicaltzingo, pues los olores eran sumamente ofensivos para los habitantes más ricos de la ciudad. Mi abuelo y su familia emigraron cuando él ya era un adolescente, sus únicos recuerdos lúcidos son de este lugar.


En algún momento de juventud, salí con un hombre que vivía por este barrio ¡Ay Dios mío, cómo me gustaba! caminamos por las nueve esquinas y fuimos a cantinas antiquísimas, de esas que solo entras y te transportan al siglo pasado, de esas en las que el abuelo le ha pasado la receta de los tragos al hijo, y el hijo al nieto; con rituales y mitos y muchas historias como la de "nadie sale de pie después de dos yerbabuenas".


Queda el último distrito; San Juan de Dios. Gran parte de la identidad del tapatío se la debemos a este lugar, la vida social y económica giraba en torno a las iglesias, San Sebastián, San José de Analco y el monasterio de San Juan de Dios situado a la orilla del río; ésta barrera natural con el tiempo se convirtió en un elemento permanente de ruptura y división del modelo territorial y social. Se trata de un barrio dedicado a los textiles y que recibía inmigrantes, con casas austeras y compartidas, y que con el tiempo la reputación de este lugar se vio afectada.

En la primera mitad del siglo XX el Río San Juan de Dios (hoy la Calzada Independencia) es entubado por petición del gobierno pues era considerado foco de infecciones y enfermedades, se nos pasó un detalle... el agua sigue su cauce, así que “si la calle se llama Río seco no crean que es por pura casualidad”.








Referencias

José María Muria y Jaime Olveda. Demografía y Urbanismo. Lecturas históricas de Guadalajara III. Universidad de Guadalajara.

 
 
 

Entradas recientes

Ver todo
Gusanos

Todo empezó un 16 de febrero del 2016, mi papá se enfermo porque le empezaron a salir gusanos en la oreja, dijo el doctor que por comer...

 
 
 
Amparo

Pues la relación de mis papás no iba bien. Mi papá golpeaba a mi mamá y los dos se golpeaban, a mi también pero no tan fuerte. Había...

 
 
 

Comentarios


Publicar: Blog2_Post
  • Instagram

©2019 by dulcmiau. Proudly created with Wix.com

bottom of page