"Por mi raza hablará el espíritu" (?)
- dulcecalderon

- 27 jun 2021
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El racismo en México es orgánico, eso lo sabemos. A finales del siglo XIX e inicios del siglo XX se establecen una serie de “políticas sanitarias” en Latinoamérica, que con el tiempo se relacionaron estrechamente con el racismo y la degeneración de las clases bajas. Concepciones como el mejoramiento racial, fueron apoyadas por los programas de salud oficiales, siempre con la intención de conducir al progreso. Veamos un breve antecedente.
Mientras en Europa, la publicación de libros en los que se defendían las ideas sobre pureza y superioridad de las razas eran una constante a mediados del siglo XIX, una de las afirmaciones que tuvo mayor peso fue la del científico Gobineau en la que plantea que “la pérdida de pureza racial por la mezcla de sangres incide directamente en la decadencia de los pueblos”. Estas ideas se esparcieron dentro y fuera de Europa.
Premisas como que las capacidades de las razas varían debido a su origen diverso o de que entre una y otra existía una escala evolutiva, por consecuencia cada una ocupaba un lugar jerárquico; fueron ideas adoptadas en América.
Sabemos que en México el pensamiento racial viene desde la época colonial, sin embargo, en el siglo XX es cuando los estudios sobre razas cobran mayor popularidad entre los intelectuales y son traducidos en proyectos nacionales, estudiando el atraso de los pueblos indígenas y legitimados con el positivismo hasta entonces comtiano, ya fuese para integrarlos o para dejarlos fuera del espacio nacional.
Con la República Restaurada, la necesidad de unificar a toda la población dentro de un proyecto común se veía venir, olvidando (o pasando por alto) que el país se trataba de un mosaico diverso y que un Estado monocultural hegemónico impuesto, era un Estado violento; mientras las élites intelectuales y políticas afirman ban con seguridad que la realidad indígena era un obstáculo para el progreso y modernización, por lo que abogan por la desaparición o transformación de estos, y así terminar con el letargo social y económico que representan.
Es así como se busca la unificación de los pueblos indígenas, claro, desde el punto de vista racial, cultural, educativo y lingüístico. y con la bandera de ser integrados a la nación moderna. El gran problema de esto fue el siguiente: se vio al español (y a lo hegemónico impuesto por el Estado) como elementos de prestigio, más que como una vía de comunicación. Se buscó la castellanización y “aculturación” forzosa de los hablantes de lenguas indígenas. Se llegó a pensar que “una sola nación supone la existencia de una sola lengua” (A. Gil, 2020).
La lengua no fue la única afectada, también se incluyeron los estudios craneométricos, implantados en la cárcel de Belén en Ciudad de México, en donde se vinculan las tendencias criminales a la raza, a las clases bajas y a los pueblos indígenas; dichos estudios respondían al mismo principio de unificación económica y social y con la intención de “medir y civilizar”, argumentos que permeaban pues se vendían bajo la norma de la protección a los ciudadano.
Por otro lado, el tema de la fecundidad y el control de natalidad y de población, se convierte en un asunto de Estado. Para 1880 comenzó la esterilización en América del Norte con personas mentalmente enfermas, con la idea de mejorar la calidad de la raza humana a través de la eliminación o exclusión biológica. Franz Boas mencionaba “sabemos que las personas pobres se desarrollan lentamente y permanecen bajos de estatura en comparación de los ricos”, en este punto la eugenesia ya no queda en un mero discurso científico; ahora se trata de un asunto político de clases.
Mientras, en América Latina la idea dominante fue “La raza cósmica” creada por José Vasconcelos; así el control de la reproducción se da a través de argumentos de consolidación y mejora de la raza, según Nancy Stepan, la raza cósmica nos muestra una “raza mestiza eugenésica”, evadiendo la marginación política y social a la que los pueblos indígenas estaban sometidos. Se pasaba por alto que el cuerpo en cuestión era aquel cuerpo que tenía una fuerza útil de producción, un cuerpo sometido. Claramente es un cuerpo inmerso en un proyecto político en el que no tiene lugar, ese campo político le es ajeno, por lo que se convierte en presa inmediata.
En el México de los años treinta, se fundó la Sociedad Eugénica Mexicana para el Mejoramiento de la Raza, teniendo como miembros personajes que hoy nos sorprenderían, entre ellos científicos, médicos y políticos. Teniendo presente un contexto posrevolucionario, en el que había gran cantidad de indígenas y enfermedades, estas ideas (de pureza, superioridad, progreso y modernización) se recibieron sin mayor complicación, pues su principal preocupación era la de erradicar las masas de indígenas pobres, pues la pobreza era relacionada directamente con la criminalidad y como el Estado tenía que garantizar su salud, los pobres representaban un gasto público.
Publicaciones como Higiene de la especie y artículos referentes al uso de la eugenesia para el mejoramiento racial o propuestas en las que se plantea la esterilización eugénica de los criminales eran cada vez más comunes. Históricamente los juegos de exclusión se repiten, el Estado margina a los de pobres, vagabundos, carcelarios o los conocidos como “cabezas alineadas”, así como los extranjeros y locos.
El tema de la locura se encontraba también presente, pues histéricos y epilépticos eran considerados nocivos para el progreso humano. En Historia de la locura Foucault explica cómo en las ciudades y hospitales donde los locos ya no cabían y seguían siendo un gasto para el Estado se optaba por no tratarlos y simplemente arrojarlos a las prisiones. Existe un poder político sobre el cuerpo del otro, del indigena para ser precisos, un poder que va disfrazado de ciencia y positivismo, sin embargo, sigue tratándose de un poder y saber colonial y racial, en donde quienes tienen la batuta son quienes tienen educación formal de escuelas europeas.
Para los indígenas, la propuesta fue, como menciona Laura Suarez “promover su cruce con la raza blanca portadora de las cualidades de progreso, inteligencia y alto grado de civilización”. De esta forma se incitaba a la inmigración de personas de raza blanca al país y restringido a toda costa de raza negra y amarilla. El nacionalismo de los veintes impulsaba ideas como “mezcla racial constructiva” como reflejo de la identidad racial del mexicano, los eugenistas mexicanos compartían esta premisa resaltando las ventajas que para los indios trajo la mezcla con los europeos. Incluso, se llegó a decir que “la higiene mental deriva en gran parte de la higiene racial”.
Este trabajo es una invitación a cuestionar los programas políticos sociales hegemónicos, a reflexionar si se trata de un apoyo o de una estrategia dirigida al control de la fecundidad de los sectores más pobres y de los pueblos indígenas. Un Estado monolingüe es un Estado que violenta y la unificación nacional margina y segrega. No olvidemos que los pueblos indígenas son la negación efectiva del Estado actual.

Fuentes
A. Gil, Yásnaya Elena. Manifiestos sobre la diversidad lingüística. Almadía, México, 2020.
Czarnecky, Lukasz. Control de fecundidad, eugenesia y envejecimiento poblacional. UNAM, México, 2016.
Foucault, Michael. Historia de la locura en la época clásica I. Fondo de Cultura Económica, Francia, 1972.
Juárez-Barrera, Fabiola. Bueno-Hernández, Alfredo. La influencia del darwinismo sobre los conceptos raciales en México. UNAM, México, 2016.
Suárez, Laura y López-Guazo. La antropología criminal y su influencia en el campo de la salud mental en México. UNAM, México, 2000.
Urias Horcasitas, Beatriz. Medir y civilizar. Ciencias, México, 2001.

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