Rulfo y el olvido
- dulcecalderon

- 21 may 2021
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 20 jun 2021
“Hacía tanto tiempo que no levantaba la mirada, que se me olvidó el cielo”
Hace unos años una persona me dijo «Juan Rulfo escribió cuentos proféticos», estuve rumiando esas palabras durante bastante tiempo aunque seguía sin entender por qué lo decía. En las últimas semanas las noticias del mundo están llenas de circunstancias alarmantes; que si personas desaparecidas, que si Estados ilegítimos, que si el metro, que si el sexoservicio se mantiene vigente como medio para sobrevivir, que si sequías o incendios y más, me parece que por fin entendí lo profético de Rulfo. La historia es simple, un hombre, Juan Preciado en busca de su padre Pedro Páramo en un lugar más cálido que el infierno llamado Comala.
En las obras de Rulfo vemos una oda a la muerte. Un uso mítico del tiempo, pues es un tiempo circular, un tiempo que da la vuelta, UN PASADO SIEMPRE ACTUAL, las cosas ocurrieron pero siguen ocurriendo, los sucesos se repiten, la historia comienza con una búsqueda del origen, que tiene que ver con una búsqueda mítica. De esta forma los personajes nunca son completamente libres, siempre están sujetos al pasado, almas en pena de quienes sólo emergen unos murmullos que no cualquiera escucha, sino quien se encuentra en ese lugar o quien es parte de esas almas.
Los fantasmas de Rulfo son tan pobres que son reales, los fantasmas de la pobreza y la miseria, almas en pena, en la espera del perdón, llenas de angustia. Esta espera del perdón la podemos traducir en los males que nos afligen en nuestros tiempos posmodernos, pueden ser los males de un trabajo mal remunerado, no saber si se llegará al final de la quincena, la enfermedad, el abandono, el tiempo sin tiempo, la incertidumbre, la apología a la producción y el cansancio excesivo.
Rulfo le dio voz a aquellas personas desposeídas, que no tienen propiedad (de ningún tipo, ni siquiera la propiedad de un cuerpo y una voz), que no tienen historia, a los despojados y olvidados, posiblemente en estos tiempos lo entenderíamos como la clase trabajadora, o como los migrantes que vagan persiguiendo un sueño, o como personas en situación de calle, que muchos de ellos ni siquiera tienen acta de nacimiento, personas que viven para llevar algún alimento a sus estómagos al final del día y nada más.
Nos habla de la condición de los expulsados, la culpa, la imposibilidad de incorporarse al curso de la historia y permanecer eternamente ajenos a esta. La extrañeza de Juan Preciado frente a lo desconocido, el murmullo, la pobreza total, quienes buscan dentro de su precariedad que les den ‘algo de algo’. Los expulsados, los radicalmente excluidos por el sistema.
Pareciera como si en México la vida valiera muy poco, independientemente del tiempo en el que se lea esto. Monsiváis decía que era peligroso considerar a la muerte como símbolo nacional de México, pues se vende con la bandera de morir como salvador de la nación, todo un discurso político que expresa “los mexicanos no le tienen miedo a la muerte”. Para Rulfo la muerte y el descanso del alma son la solución a todos los males; más sus fantasmas son muertos en vida, y no hay peor condena que esa.

Si no hacemos nada también pertenecemos a la legión de los fantasmas

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